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Publicado el 18 de abril de 2014

Amy Goodman y Denis Moynihan

Una nueva masacre desatada en Estados Unidos, en la que varias personas fueron acribilladas a balazos, volvió a centrar la atención en los grupos extremistas violentos de derecha. Frazier Glenn Miller, ex líder de una rama del Ku Klux Klan, está acusado de haber matado a tres personas frente a dos centros comunitarios judíos en las afueras de Kansas City, en Kansas. Mientras era trasladado en el patrullero, gritó “¡Heil Hitler!”. A diferencia de los grupos islámicos, cuya vigilancia cuesta miles de millones de dólares a las agencias de seguridad estadounidenses, los grupos que defienden la supremacía de la raza blanca tienen bastante libertad para diseminar su odio y promover su ideología racista. Con demasiada frecuencia, sus ataques homicidas son considerados como actos de atacantes “solitarios” desquiciados. Estos grupos aparentemente marginales están, en realidad, bien organizados, interconectados y gozan de renovada popularidad.

En abril de 2009, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) publicó un estudio sobre grupos extremistas de derecha en Estados Unidos. El informe de diez páginas incluye conclusiones tales como que: “La crisis económica y la elección del primer Presidente afroestadounidense son condiciones únicas para la radicalización y el reclutamiento de grupos de derecha”. También realiza la polémica conjetura de que los veteranos de guerra que regresan de Irak y Afganistán podrían ser reclutados para sumarse a los grupos que incitan al odio. El informe provocó una ola de críticas, especialmente de grupos de veteranos. Obama había asumido el Gobierno hacía apenas unos meses. La flamante Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, retiró el informe y pidió las disculpas del caso durante una audiencia sobre el presupuesto en el Congreso.

Mark Potok es un investigador del Centro Legal contra la Pobreza en el Sur (SPLC, por sus siglas en inglés) que, durante años, se ha dedicado a investigar a los grupos de derecha que incitan al odio y a Frazier Glenn Miller, en particular. Potok afirmó acerca del informe: “Hemos tenido un verdadero problema con el Departamento de Seguridad Nacional, debido a que, desde que se filtró a la prensa un informe sobre grupos de derecha en abril de 2009, podría decirse que el Departamento, de algún modo, se acobardó. Básicamente, destruyeron la unidad de seguimiento del terrorismo nacional no islámico”.

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Publicado el 11 de abril de 2014

Amy Goodman y Denis Moynihan

El periodismo no es un delito. Este es el lema central de la campaña por la liberación de los cuatro periodistas de la cadena Al-Jazeera que se encuentran encarcelados en Egipto. Tres de ellos, Peter Greste, Mohamed Fahmy y Baher Mohamed, acaban de cumplir cien días de reclusión. El cuarto, Abdullah al-Shami, se encuentra recluido desde hace más de seis meses. Se los acusa de “difundir mentiras que atentan contra la seguridad del Estado e integrar una organización terrorista”. Naturalmente, lo único que hacían era cumplir con su trabajo.

Anja Niedringhaus también estaba haciendo su trabajo como fotógrafa para la agencia de noticias Associated Press (AP) cuando fue asesinada la semana pasada en Khost, Afganistán. Cubría los preparativos para las elecciones nacionales en Afganistán y estaba sentada en su auto con la reportera de AP Kathy Gannon, cuando un agente de policía afgano abrió fuego, le causó la muerte a Niedringhaus y le provocó heridas a Gannon.

El trabajo de Niedringhaus captó la brutalidad de la guerra y la esperanza de la humanidad. Comenzó su carrera de adolescente, tomando fotografías de la caída del Muro de Berlín en su Alemania natal. Después trabajó para la agencia European Pressphoto Agency, desde donde dio cobertura a la Guerra de los Balcanes, la repercusión de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de Nueva York y más tarde, la invasión y ocupación de Afganistán. En 2002, empezó a trabajar para AP, donde realizó coberturas sobre los conflictos en Irak, Afganistán y Pakistán, así como de importantes eventos deportivos internacionales como la Copa Mundial de Fútbol y Wimbledon. Al recorrer las imágenes que nos dejó, uno queda impactado por la valentía, el talento y la habilidad para captar y transmitir un instante de tiempo, cargado con todo el peso de la historia.

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Publicado el 4 de abril de 2014

Amy Goodman y Denis Moynihan

La mayoría de las personas están convencidas de que el ser humano está cambiando el clima para peor. Cada vez hay más pruebas que demuestran el nefasto futuro que nos estamos forjando a nosotros mismos y al planeta. Tendremos que soportar una mayor ocurrencia de eventos climáticos extremos, como huracanes y grandes sequías, la extinción de muchas especies y el grave problema de la escasez de alimentos a nivel mundial.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) acaba de publicar su último informe después de una reunión de cinco días celebrada la semana pasada en Yokohama, Japón. El Panel, que está integrado por más de 1.800 científicos de todo el mundo, recopila, analiza y sintetiza los datos científicos más sólidos y relevantes sobre el clima y otros asuntos relacionados. El pronóstico no es alentador.

En la conferencia de prensa en la que se anunció el lanzamiento del informe, el presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, advirtió: “En la medida en que el mundo no adopte medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático continúe aumentando, la estabilidad social de los sistemas de vida humanos corre grave peligro”. Pachauri habla con la disciplina de un científico y la cautela de un diplomático. Sin embargo, el último informe es claro: “El cambio climático puede aumentar indirectamente el riesgo de conflictos violentos como guerras civiles y violencia entre comunidades”.

El informe también subraya que el abastecimiento mundial de alimentos, que ya es escaso, sufrirá las consecuencias del cambio climático y que los sectores más vulnerables de la población mundial serán los primeros en padecer hambre. Pero el problema no se termina ahí.

El IPCC publicó su informe anterior, más amplio, en 2007. Desde entonces, se duplicaron los hallazgos científicos que demuestran que es un hecho irrefutable que el cambio climático es provocado por el ser humano. Sin embargo, aún existen poderosos negadores del cambio climático, financiados por la industria de los combustibles fósiles.

Oxfam, una organización no gubernamental que lucha contra el hambre a nivel mundial, cuestiona a los negadores en un informe publicado la semana pasada, denominado “Hambre y calentamiento global: cómo impedir que el cambio climático haga fracasar la lucha contra el hambre.

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Publicado el 28 de marzo de 2014

Amy Goodman y Denis Moynihan

“Mi administración se compromete a crear un nivel de transparencia del Gobierno sin precedentes”, escribió el Presidente Barack Obama el 29 de enero de 2009, apenas días después de haber asumido la presidencia. Y agregó: “La transparencia fortalecerá nuestra democracia y promoverá la eficiencia y la eficacia del Gobierno”. Hoy, tras seis años de mandato, la “nueva era de transparencia del Gobierno” parece otra gran promesa cínicamente incumplida.

Durante el “Sunshine Week”, el evento que la industria de los medios de comunicación celebra cada año para educar a la población sobre la importancia de la transparencia del Gobierno, Associated Press informó que “el año pasado, más que nunca antes en la historia, el Gobierno censuró partes de expedientes gubernamentales o directamente denegó el acceso a ellos al público en virtud de la Ley de Libertad de Información de Estados Unidos (FOIA, por sus siglas en inglés)”. El informe de AP agrega: “El año pasado fue el peor desde que Barack Obama asumió la presidencia en lo que respecta a los esfuerzos del Gobierno de ser más transparente con respecto a sus actividades”.

La noticia no tomó por sorpresa a Ryan Shapiro, un estudiante de posgrado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) que acaba de entablar una demanda a nivel federal contra el FBI, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) para intentar obtener registros públicos sobre el papel desempeñado por Estados Unidos en el arresto de Nelson Mandela en 1962, que lo harían pasar los siguientes 27 años en prisión. Cuando sus solicitudes de información sobre Mandela, en virtud de la Ley de Libertad de Información, fueron denegadas, Ryan Shapiro decidió entablar una demanda. “Quiero encontrar estos expedientes, en primer lugar, porque me interesa saber por qué la comunidad de inteligencia de Estados Unidos consideraba a Mandela una amenaza a la seguridad estadounidense y qué papel desempeñó la comunidad de inteligencia de Estados Unidos en el boicot a la lucha de Mandela por la justicia racial y la democracia en Sudáfrica”.

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Publicado el 21 de marzo de 2014

Amy Goodman y Denis Moynihan

Han pasado tres años desde el terremoto y el tsunami que provocaron el desastre nuclear de la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi en Japón. El número de víctimas mortales inmediatas del tsunami superó las 15.000 y alrededor de 3.000 personas permanecen desaparecidas. Sin embargo, el número de muertos sigue aumentando, tanto en Japón como en otros países. Los efectos del desastre nuclear de Fukushima en la salud y el medio ambiente son graves y se ven agravados a diario a medida que la planta nuclear, de la empresa Tokio Electric Power Company (TEPCO), continúa liberando contaminación radiactiva.

Como parte de una iniciativa poco común, más de cien marineros e infantes de marina estadounidenses presentaron una demanda colectiva en la que acusan a TEPCO de mentir acerca de la gravedad del desastre, cuando ellos corrieron al lugar de los hechos para brindar ayuda humanitaria. Iban a bordo del portaaviones USS Ronald Reagan, que funciona a energía nuclear, y de otros buques que viajaron con el Reagan y que participaron en la respuesta humanitaria al desastre denominada “Operación Tomodachi”, que en japonés significa “Operación amistad”.

El teniente Steve Simmons es uno de los demandantes. Antes de Fukushima, Simmons tenía una salud de hierro. Ocho meses más tarde, comenzó a padecer problemas de salud inexplicables. Dijo en una entrevista en el programa “Democracy Now!”: “[Mientras conducía hacia el trabajo] perdí el conocimiento en una curva. Después de eso, comencé a tener síntomas de lo que pensé que era una gripe y me comenzó a subir la fiebre persistentemente. Bajé rápidamente entre 9 y 11 kg. y comencé a tener sudores nocturnos y dificultades para dormir y había ido varias veces al médico para que me hicieran análisis y otros estudios para determinar lo que estaba sucediendo. Y de enero a marzo de 2012 estuve internado tres veces. La primera vez, no pudieron detectar nada. Lo único que supuestamente encontraron fue una sinusitis y descartaron la posibilidad de que estuviera vinculada con la radiación. De hecho, el médico practicante me dijo que si fuera provocado por la radiación, debería haber manifestado síntomas mucho antes. Tres días más tarde, después de que me dieron el alta, volví al hospital porque mis nódulos linfáticos comenzaron a hincharse y no me bajaba la fiebre, tenía 39° C”. En abril de 2012, mientras se encontraba internado, sus piernas quedaron inmóviles. Desde entonces, está en silla de ruedas y podrá solicitar la baja por “motivos médicos” en abril.

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